Gatos y perros de compañía siempre tienen mentalidad infantil. No dejan de explorar su entorno. Si aparece algo nuevo lo exploran, y lo pueden usar como juguete.
Son niños porque se les da todo hecho. Y además los tratamos como a cachorros.
Gatos y perros de compañía siempre tienen mentalidad infantil. No dejan de explorar su entorno. Si aparece algo nuevo lo exploran, y lo pueden usar como juguete.
Son niños porque se les da todo hecho. Y además los tratamos como a cachorros.
Los perros hacen amistad en zonas verdes, por donde sus dueños les pasean. Mejor en parques grandes y por donde se les suele soltar. A finales del siglo pasado no había tanta represión.
Llevábamos atados a los perros para protegerlos del tráfico. Y en parques pequeños y céntricos.
En Salamanca la huerta del convento de los padres jesuitas fue convertida en parque. Tenia varias zonas: paseos con baldosas, pista de baile, bar, pergola, estanques, zonas deportivas.
Por las mañanas había menos gente. Yo iba con mi perrita sábados, domingos, festivos y vacaciones. Nos pillaba muy lejos, media hora andando (al ir y al volver) Ella iba muy contenta. Hizo muchos amigos, de todos tamaños y pelajes.
Tim y Trak eran 2 rotweilers que paseaban por el parque de los jesuitas. Eran muy grandes, negros. Tan bondadosos que hacían de niñeras, protegían a los perros pequeños de otros perros grandes que los molestaban. Un leve gruñido bastaba para disuadir a los impertinentes.
Mi pequinesa Atila conoció primero a Tim, era del dueño del bar del parque. Pacífico como nunca lo fue mi pequeña, que era muy poco sociable. Lo acariciabamos todos los que lo conocíamos y le tratábamos como a un bebé.
A finales de los 90 fue moda tener rotweiler, como luego buldogs franceses, pitburg y Collins.
Apareció por el parque un tal Trak. Tan grande y fuerte como Tim. Disputaban la protección de los perros pequeños.
Un día paseaba yo con Atilin cuando los 2 mastodontes saltaron un seto. Atilin se asustó más que yo. Empezaron a empujarse con sus cuerpazos, disputando la protección de la perrita, que gritó de miedo. Yo intenté convencerles que no estaba en peligro, que la asustaban.
Vinieron los amos y lograron separarlos. Los perrotes, entre sí no usaron agresividad. Todos menos la pequeña nos dimos cuenta de su bondad excesiva.
En el parque muchos perros grandes se convertían en protectores de pequeños, machos o hembras. Atilin trabó amistad con un cachorro de pastor alemán. Mi perrita lo dominaba con la mirada. El ama decía que no le había visto tan tranquilo como con mi pequeña. Se sentaban juntos viendo como otros perros jugaban.
El tenía unos 5 meses y ella 1 año. El era varias veces más grande. Y aún tenía mucho que crecer, y que aprender. Pero ella horror no aguantaba quieto. La miraba, agachada la cabeza e iba a jugar con los otros, normalmente medianos.
Y Atila volvía a mi protección.
Un día apareció una jauría de juguetones, 2 medianos, 2 o 3 pequeños y un Samoyedo, que en el grupo parecía gigante. Atila se asustó y vino hacia mi corriendo, perseguida por el grupo. Me saltó a los brazos con tal ímpetu que caí al suelo, de culo. La zona era de arena. No me hice daño.
Venían los dueños detrás y pensaron que me había tirado el grande:
- No, pobre Inocente! Ha llegado el último. Me ha tirado mi propia perra, que ha saltado y me ha emvestido en el estómago. Toda la jauría se ha parado y me ha rodeado para olernos.
Y mi pequeña gritaba como si alguien le hiciera daño. Pues había quedado a baja altura. Y veía muy cerca a perros desconocidos.
Allí perros y amos hacíamos buena amistad. Solo la llevaba sábados y domingos por la mañana. Atilin iba y volvía muy contenta.
Cada vez era distinto, una gran aventura para un perrillo. Vivía momentos de alegría, de in ertidumbre. La llevaba por diferentes zonas y caminos. Encontraba gatos, mustelidos, pajaritos, palomas, urracas.
Los animales muestran su alegría con todo su cuerpo.
La gata Sultana Lilith es la más alegre de la casa. Salta y corre, se apoya en paredes como una pelota que rebota. Lo hace, generalmente, al final y al principio de la jornada, cuando ve que voy a acostarme y cuando me levanto definitivamente y voy a darles su desayuno.
Su hijita Sandy es mucho más contenida. Y los viejos Moisés y Bamby siempre han sido de pocas energías.
La gata Lilith es la única que he adoptado de adulta. Y es la más alegre, la que más aprecia y valora su vida actual
Tiene casa y comida. Tiene espacio para sus correrías y tiene mi cariño. Duerme y siestea donde le da la gana. Es la mejor gata que he tenido.
Después de comer se atempera, deambula buscando lugar para la siesta.
Descansa un rato y juega. Busca sus propios juguetes: pinzas caídas, algún tapón bajo un mueble, la jabonera, la palita de los areneros. Cualquier cosa que suene.