Fui al campo a enterrarlo, en un trapito blanco limpio. Llevaba a la perrita y le enseñé el cuerpecito. Ella lo olio. Le dije que era muy pequeño, que no se deben tocar esos pequeños seres. Y ella pareció comprender mi tristeza. Otras veces íbamos por donde enterre al canario y Atilin olía y se entristecía.
Años después Moisés mató otro canario. "Estás segura que no ha sido Atila". Mamá dijo que no había sido Atila. La perrita sólo lo olía pero no lo tocaba. A Moisés tampoco le reñi.
Fui con Atilin a enterrarlo. Y ella me miraba como diciendo: "no he sido yo". Y yo le decía: " Si, ya lo se. Ha sido el bruto de Moisés ".
No he vuelto a tener pajaritos en casa.
Anís (perrilla mestiza 4,8 kgrs) mató dos ratoncillos por el campo. Le reñi: "no se les mata. Basta ahuyentarlos, eres mala!". Respetaba a los pajaritos, se lo había enseñado. No creía que fuera capaz de alcanzar a un ratón.
La gata Lulú entró con un gorrioncillo, que había cazado en el balcón. Y lo dejó a nuestros pies. Le fuimos a reñir pero note que estaba vivo. Su corazoncito latía, se había desmayado. Le di masajes suaves y dejé el cuerpecillo en una maceta, bajo el cobijo de una planta. La madre gorrion revoloteaba desesperada. Al poco rato el hijo se recuperó y voló con su progenitora.
Lulú lo había cogido con delicadeza. Aún así le reñi, le dije que le había hecho "pupa". Y no lo volvió a hacer. Los gorriones también fueron precavidos desde entonces.
Lo 1º que enseño a mis perritas es a respetar vidas de animales. Lucy no tiene instinto de caza. Se baña a veces y hay patos cerca. Pero ni los mira. A los gatos callejeros solo los mira. Con alguna gata incluso quería amistad. Y los que la conocen no le tienen miedo.
A los gatos es muy difícil aleccionar. Pero cuando miran un pájaro que se posa en el balcón les grito "pupa" con mal genio. Y no se le acercan.
Hay que tener cuidado y estar al tanto que nuestros animales no hagan daño a otro ser. Para ellas la vida es juego. Ya que no tienen que cazar.
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